Anuncios de cremas hidratantes, nutritivas, exfoliantes, tratantes, fortalecedoras, purificantes, balsámicas, anti-edad, reafirmantes, reductoras, anticelulíticas, regeneradoras… y ahora hasta auto-bronceadoras; con leche, aloe vera, algas, sales, extractos frutales, aceites naturales… y ahora hasta babas de caracol.
Pero, ¡¡¡si no hay suficiente piel para tanto producto!!!
Nos venden el 90-60-90 en 1′75 de altura pero sin superar los 55kg, la dieta maravillosa, el producto adelgazante mágico, el estrés de la operación bikini, el deporte no precisamente para estar en forma y el “quíteme de aquí y póngame allá” que ahora se predica hasta desde programas de televisión anunciados casi como salvadores de la raza humana.
Nos teñimos el pelo, usamos lentillas, sufrimos los tacones, nos maquillamos… todo totalmente asumible, por supuesto, pero no terminamos ahí, continuamos con el wonderbra, la faja reductora, la braga alza-pompis… Que más que vistiéndonos parece que estamos realizando una obra de ingeniería; eso si, ingeniería civil.
¿Y todo para qué? ¿Para estar más agusto con nosotras mismas o para no desentonar de los cánones de belleza? Pero si la belleza, además de algo totalmente subjetivo, es algo cíclico, como la moda, según lo cual, la mujer más sexy del mundo actualmente, pasaría desapercibida años atrás (o adelante, que lo mismo da).
Que conste que a mi me parece muy bien que una se cuide. Estar agusto consigo misma, dentro de los límites de la buena salud, me parece todo un logro, pero cada una tenemos que partir de la base que tenemos, lo que no es un problema en sí, ya que, en cada tipo de mujer que se nos ocurra, existe un ejemplo de mujer bella, sexy… apetecible. ¿Os lo demuestro?
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