
Hablar de Carmen es como hablar de la trilogía del padrino. ¿Qué vas a decir que no sepan ya todos?
Llegó a portales hace ya mucho tiempo para formar parte de esa trinidad divina formada por Lucía, Yeli y ella. Tres mujeres en un mundo de portaleros machos y masculinos.
Desde entonces, ¿quién no ha estado, de una manera o de otra, hechizado por su forma de ser? De hecho, desde que la conoció, Quinito no ha vuelto a ser el de mismo. Ahora sueña todas las noches con que hace piececitos con ella en la oscuridad.
Podría recordar muchas cosas de Carmen, pero me quedo con aquellos suspiritos que daba de vez en cuando, con sus superpoderes mágicos gracias a los cuales evitó algunos robos en la ciudad, con nuestro matrimonio de conveniencia, y, sobre todo, con su eterna sonrisa, esa sonrisa encantadora con la que afronta cualquier cosa y que muy pocas veces he visto desaparecer de su rostro.
Lo único que se le puede echar en cara es que no se haya pasado nunca al lado oscuro. Y personalmente, que haya tenido la osadía de irse a la cama con todos los portaleros menos conmigo.
Pero, en todo lo demás, ha sido, en verdad, la Carmen de España. Y no la del Merimé…
Además, gracias a ella, el equipo de portal subió mucho de caché. De pronto, todos querían integrarse con nosotros. Curiosamente, todos eran tíos, pero esa es otra historia (todavía recuerdo a Cañabate viniendo cada día a preguntarnos si nos tomábamos un café con él; sí, sí, un café…). Y, aunque lo único que buscaban era hablar con ella, consiguió que empezáramos a ser conocidos. Después llegó el portal de Domótica, y con él la fama mundial.
Ahora, nuestra maravillosa portalera nos deja. Tendremos que aprender a pasar los días sin ella, sin sus “muy mal…”, sin sus excéntricos tonos de móvil y sin su mangosta.
Pero, sobre todo, tendremos que aprender a sobrevivir sin su optimismo, sin esas sonrisas que te alegraban el día y que tanto echamos de menos los que nos hemos venido a Las Rozas.
Espero, de todo corazón, que, vayas donde vayas, todo te salga muy bien y te traten como te mereces. Pero, sobre todo, espero que nunca, nada ni nadie, te borre esa luminosa sonrisa, ese optimismo, esa alegría. Y, si alguna vez crees que está a punto de ocurrir, llámanos. Sabes que siempre tendrás a un grupo de portaleros machos y masculinos dispuestos a partirse el tipo con quien haga falta. O dispuestos a invitarte a una michelada. Lo que tú prefieras.